La filosofia en las humanidades.

Autor:V
Cargo:Report
 
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PHILOSOPHY IN HUMANITIES

Si a alguien dedicado a la filosofía se le preguntara de qué se ocupa la filosofía seguramente respondería que es un esfuerzo por encontrar la verdad. En nuestro país esa respuesta tendría el aspecto de un sinsentido, pues actualmente vivimos en una época de falsedad. Cuando vemos a las más altas autoridades del Estado falsificar la historia de nuestro país, proponerse acabar con instituciones esenciales para el funcionamiento de cualquier ciudad civilizada: inventar falsos testimonios, fabricar testigos falsos para condenar inocentes, utilizar instituciones que fueron honorables para destruir a personas cuyos únicos delitos es no estar de acuerdo con el gobernante de turno, vemos cómo el concepto de democracia, en su núcleo más esencial, es demolido.

Claude Lefort sostenía que el lugar del poder, en la democracia, es un lugar vacío, sólo llenado temporalmente, mientras que en la monarquía ese lugar se llenaba con duración indefinida. La Revolución francesa cambió la soberanía del monarca por la soberanía del pueblo. Vemos ahora cómo, de manera brutal, volvemos a la monarquía: el nuevo monarca concentra con él todos los poderes. Vamos contra la historia. Esta para nosotros, es un desarrollo hacia una libertad cada vez más pulida y acabada. En cambio, para los nuevos monarcas la historia es, cada vez más, un retroceso. Nuestra juventud y no sólo ella, ignora todo de la extinta Unión Soviética. Ignora cómo un solo hombre, con un partido como instrumento, convirtió a ese país en una cárcel gigantesca, con más de treinta millones de presos en sus campos de concentración o gulags. Dijimos que no sólo los jóvenes, pues vemos magistrados, con pseudos doctorados, opinar que la división de poderes es un obstáculo para un buen gobierno. Sabemos que la división de poderes se estableció para impedir que se impusiera la voluntad de un monarca. Actualmente, hay monarcas, pero su poder está limitado por la Constitución y por poderes que imponen el respeto y obediencia a la Constitución.

No cabe duda alguna de que la democracia moderna surgió después de la Revolución Francesa y de la norteamericana. El desarrollo de las democracias va unido con el sistema de producción que surgió con ella. Democracia y capitalismo son un binomio inseparables. Es con esas democracias que surgen los derechos del hombre y del ciudadano. En su escrito sobre La cuestión judía Marx consideró que esos derechos no eran otras cosa que derechos para proteger los intereses de la burguesía y del individualismo egoísta que es propio de esa clase social. Marx nunca modificó su opinión y da la impresión de que el desprecio de los sistemas políticos que se tildan de marxistas heredó esa opinión. Indudablemente los derechos humanos son un poder que limita el poder de los gobernantes; ni la Unión Soviética los admitió ni tampoco Cuba. ¿Cómo pueden admitir derechos de los ciudadanos sistemas que aspiran a ejercer un derecho ilimitado, sin trabas? Aunque el gobierno venezolano presume de respetar esos derechos, en el ejercicio de su poder los viola constantemente. No es el poder el que tiene que demostrar la culpabilidad de un acusado, sino que es éste, sin medios para hacerlo, el que tienen que demostrar su no culpabilidad. En nuestro país, el gobierno actual abolió de hecho la presunción de inocencia. El presidente, antes de cualquier juicio, sentencia a las personas. Absuelve o condena según su conveniencia y talante.

Dijimos que la democracia es un sistema político que surge con la época moderna. El movimiento de la Ilustración, en su crítica al absolutismo, opuso al poder del monarca el poder del pueblo. Rousseau opuso a la soberanía del monarca, la soberanía de la voluntad popular. Montesquieu estableció la división de poderes para dividir el poder concentrado en el monarca. Locke, Voltaire, defendieron la tolerancia contra los autoritarismos de cualquier poder, gubernamental o ciudadano. Es propio del autoritarismo no admitir opiniones que puedan corroer su poder. El poder absoluto no puede admitir absolutamente nada que debilite a su poder. La tolerancia es propia, única y solamente de la democracia. Es propia del pluralismo que existe en su seno a fin de que cada uno pueda expresarse sin temor o represalia por lo dicho, como la frase de Voltaire según la cual él no comparte una opinión, pero daría la vida para el que la expresa pudiera hacerlo. Actualmente, el gobierno nuestro está contra Voltaire. Cualquier opinión contraria a su política es condenada, rechazada y satanizada. Un general declaró que las fuerzas armadas están casadas con este gobierno, que no admitirían su derrota electoral. Las opiniones contrarias a las del general las calificaron de inconstitucional. Hoy, el Presidente califica a las opiniones contrarias a su poder de agresiones. Se coloca en el plan de lo sagrado, de lo que no puede ser profanado. Es una prueba irrefutable de cómo las dictaduras son intolerantes, que son enemigas de toda libertad que no sea la del propio dictador.

Hemos...

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