Reflexividad, imaginacion y empatia: en la concepcion arendtiana del juicio moral.

Autor:Parmigiani, Mat
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IMAGINATION, REFLEXIVITY AND EMPATHY IN HANNAH ARENDT'S CONCEPTION OF MORAL JUDGMENT

Estudios recientes de índole empírica han demostrado el importante papel que las afecciones empáticas estarían llamadas a jugar en la moralidad, fundamentalmente en la órbita de los denominados 'juicios morales'. Definida como "una reacción afectiva más adecuada a la situación de otro que a la propia" (Hoffman 2002: 13), lo que la empatía desarrollaría en nosotros, los seres humanos, es una capacidad imaginativa para ponernos en zapatos ajenos tomando en consideración aquellos aspectos inadvertidos de la vida de los otros que podrían resultar sumamente relevantes al momento de juzgar sus acciones, actitudes o rasgos del carácter desde un punto de vista imparcial. En su gran mayoría, estos estudios hallan inspiración en la teoría de los sentimientos morales de David Hume, para quien la validez de todo juicio moral descansa, en última instancia, en las respuestas empáticas --o simpáticas, como él las llamara --que ciertas acciones producen en nosotros cuando contemplamos la reacción de sus destinatarios (su placer o su dolor) a partir de los sentimientos de aprobación o desaprobación que ellas suscitan (Prinz 2010: 3).

Simultáneamente a estos estudios, una considerable cantidad de trabajos, esta vez de índole filosófica, han empezado desde hace tiempo a depositar su mirada sobre la capacidad imaginativa y la relación que ésta guarda con el juicio moral (Benhabib 2006; Ferrara 2008; Beiner 2009; Lara 2010). Lo que todos ellos tienen en común es que han sido capaces de ver en las formas narrativas heredadas de la literatura, así como en las que se plasman en los testimonios personales de experiencias pasadas, los canales más adecuados para dar cuenta de lo sucedido y expresar nuestro repudio o admiración por eventos irrepetibles, formas narrativas en las cuales indudablemente la imaginación juega un rol preponderante. Sin lugar a dudas, la fuente de inspiración más prominente de estos trabajos remite a la figura de Hannah Arendt y, en particular, a las investigaciones que ella llevara a cabo hacia el final de su vida en torno al lugar que el 'juicio reflexionante' ocupa en la obra de Kant.

Si uno tuviera que trazar un paralelismo entre estos estudios de índole empírica y filosófica, las semejanzas parecerían más que evidentes. Así, pensemos por ejemplo en los elementos de 'imparcialidad' y 'enriquecimiento de la mente' contenidos en la intencionalidad aleccionadora de los juicios reflexionantes que Ferrara rescata retomando lo que dice precisamente Arendt en sus Conferencias sobre la filosofía política de Kant. Ferrara escribe:

La imparcialidad --entendida en términos amplios como la cualidad no meramente-subjetiva de nuestros juicios --se logra tomando en cuenta los puntos de vista de los demás. En lugar de ser el resultado de un determinado punto de vista superior que realmente resolvería la disputa por ubicarse completamente por encima de la contienda, en el juicio reflexionante la imparcialidad está vinculada con la interpretación que Arendt hace de Kant, con nuestra capacidad para enriquecer nuestro propio pensamiento con objeto de tomar en cuenta los pensamientos de los demás (Ferrara 2008: 73-74).

Tal cual se desprende de este pasaje, ¿no se parecería esta suerte de "capacidad para enriquecer nuestro pensamiento con objeto de tomar en cuenta los pensamientos de los demás" en demasía a aquella noción de 'empatía' que capturara la definición de Hoffman? Y si esto es así, ¿no sería posible trazar entre los estudios empíricos sobre la empatía y los estudios filosóficos sobre el juicio reflexionante inspirados en Arendt un paralelismo casi perfecto? Por lo menos a mirada de soslayo, ése parece ser efectivamente el caso. Sin embargo, superado el encanto natural de las primeras impresiones, y ya sumergiéndonos un poco más en la lectura de estos trabajos, descubrimos que no habría sido sino la propia H. Arendt quien aparentemente se encargó de poner al resguardo la capacidad reflexiva de lo que sería "una especie de empatía general por medio de la cual podríamos averiguar lo que realmente sucede en las mentes de todos los demás" (Ferrara 2008: 75; asimismo, véase Benhabib 2006: 156). La respuesta a aquellas preguntas, entonces, de repente adopta una orientación contraria.

El propósito principal que persigo en este trabajo consistirá en demostrar que, por fortuna, las cosas distan de ser tan sencillas. En realidad, argumentaré, lo que en el fondo temía Arendt era que se confundiera el ardid del pensamiento ampliado y cosmopolita de Kant, ligado al criticismo (Cf. Crítica del juicio [sección]40), "con una empatía desmesuradamente amplia gracias a la cual se puede saber realmente qué acontece en la mente de los otros" (Arendt 2009: 84). El significado que ella le atribuyó a la empatía estaba ligado, pues, a una aceptación emocional total del punto de vista del otro y esta interpretación no coincide, bajo ningún concepto, con lo que sugieren los mejores estudios sobre la materia disponibles en la actualidad. Tal como se infiere de los mismos, para que una experiencia se considere verdaderamente empática, además de la identificación con el punto de vista del otro, dos elementos fundamentales deben constatarse: por un lado, la conciencia por el lado del agente de que esta identificación es sólo temporal y que no hay confusión entre él y el otro individuo; y, por el otro, un mecanismo regulatorio que controle los orígenes de las afecciones sentimentales que usualmente nos invaden (Cf. Brunsteins 2009; Decety y Jackson 2004). Consecuentemente, la hipótesis principal que aquí me guiará se apoya, antes que nada, en la estipulación de que la empatía no debe equipararse a una aceptación pasiva y acrítica del punto de vista de los otros; y sostiene que, de haber tenido este concepto de empatía en mente, Arendt se habría visto obligada a rever su negativa tajante a suscribir una aproximación empática a la moralidad o, por lo menos, a revisar parte de sus ideas vertidas en torno al juicio reflexionante.

Mentalidad ampliada e imparcialidad: una relectura del parágrafo [sección] 40 de La crítica del juicio

He dicho que, en el fondo, lo que temía Arendt era que una aproximación empática a la moralidad perdiera de vista el elemento crítico contenido en el cosmopolitismo kantiano. En su Séptima Conferencia sobre la filosofía política de Kant, Arendt también rescata la mayéutica socrática, la cual, por bajar "la filosofía del cielo a la tierra" invitando a los hombres a examinar sus opiniones para extraer así "de cada afirmación sus significados ocultos y latentes" (Arendt 2000: 81), demuestra ser una precursora indubitable del criticismo moderno. "El pensamiento crítico --recuerda Arendt --consiste en gran medida en esta suerte de 'análisis'" (Ibíd.), es decir, de mostrarnos capaces de justificar fehacientemente lo que decimos. Esto era precisamente a lo que Sócrates invitaba a sus alumnos cuando se encargaba de someter a riguroso examen cada una de las implicaciones que se derivaban de sus afirmaciones y esto es exactamente lo mismo a que nos compele Kant cuando distingue entre la quaestio facti, la cuestión de hecho que versa sobre "de qué manera se ha adquirido un concepto", y la quaestio juris, la cuestión de derecho acerca de "con qué derechos se posee y utiliza" (Ibíd.: 82).

Ahora bien, este elemento del pensar crítico rescatado en los tiempos de Platón aparecerá muchos siglos después, ya con Kant, vinculado a un concepto novedoso. Aunque "es precisamente al aplicar las normas críticas al propio pensamiento cuando se aprende el arte del pensamiento crítico", esta aplicación --constata Arendt --"no puede aprenderse al margen de la publicidad, sin el contraste que resulta del contacto con el pensamiento de los otros" (Ibíd.: 82). El novedoso concepto en el que Arendt está pensando, entonces, es el de 'imparcialidad', también llamado algunas veces 'pensamiento ampliado', y cuya presencia en el criticismo parecería corroborarse en una carta de la década de 1770 que Kant le escribiera a Marcus Herz: "Siempre confío en que, enfocando imparcialmente mis juicios desde el punto de vista de otros, pueda llegar a obtener una tercera cosa que aventaje a lo que anteriormente pensaba" (Arendt 2000:83) -reza la carta. Arendt aludirá además al mismo concepto con la expresión 'modo de pensar extensivo' y dirá que él desempeña un papel crucial en la Crítica del juicio, obra que concede a la imaginación la fuerza necesaria para traer a los otros de la ausencia en la que momentáneamente se encuentran a través de una comparación con sus juicios meramente posibles.

Inmediatamente a continuación de estas reflexiones es donde se constata el rechazo explícito que manifiesta Arendt en relación a la empatía. Las palabras que emplea son exactamente las mismas que he citado anteriormente, aunque con un agregado importante que toma del parágrafo [sección] 40 de la Crítica del juicio pero que bien podría haber pasado por un clásico pasaje de Was ist Aufklãrung?:

Pensar, según la concepción que Kant tenía de la Ilustración, significa Selbstdenken, pensar por uno mismo, que 'es la máxima de una razón nunca pasiva. La inclinación a lo contrario, por tanto, a la heteronomía de la razón, se llama prejuicio', y la Ilustración es ante todo 'liberación del prejuicio' (Arendt 2000: 84-85).

Arendt teme que se confunda la mentalidad ampliada con una aceptación pasiva del punto de vista de los otros, como si para que todo lo bueno se concretara bastara tan sólo con efectuar entre nosotros un intercambio de prejuicios. "El modo de pensar extensivo" --nos recuerda parafraseando nuevamente a Kant, es el resultado de abstraerse de las 'limitaciones que, de manera contingente, son propias de nuestro juicio', de ignorar...

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